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martes, 1 septiembre, 2026
Escrito por Álvaro Morales

Día Mundial del Alzheimer: qué significa y por qué es importante

Cada 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, una jornada que busca dar visibilidad a las personas que viven con esta enfermedad, apoyar a sus familias y cuidadores y combatir muchos de los prejuicios que todavía rodean a las demencias.

La fecha forma parte del Mes Mundial del Alzheimer, que se desarrolla durante todo septiembre. La iniciativa está coordinada internacionalmente por Alzheimer’s Disease International (ADI) y reúne a asociaciones, profesionales, investigadores, personas con demencia y familias de numerosos países. 

A medida que la enfermedad avanza, las necesidades de apoyo también pueden cambiar. En ese momento, contar con ayuda a domicilio para personas con Alzheimer puede facilitar que la persona continúe en un entorno conocido, manteniendo sus rutinas y recibiendo el acompañamiento que necesita en cada etapa. 

Pero este día también puede servir para hablar de algo mucho más cotidiano: cómo acompañamos a las personas con Alzheimer, cómo apoyamos a quienes las cuidan y qué podemos hacer como sociedad para que un diagnóstico no signifique dejar de participar, decidir o formar parte de la comunidad. 

¿Por qué el Día Mundial del Alzheimer se celebra el 21 de septiembre?

El origen de esta fecha se remonta a 1994. Alzheimer’s Disease International lanzó el Día Mundial del Alzheimer durante su conferencia anual celebrada en Edimburgo el 21 de septiembre de 1994, coincidiendo con el décimo aniversario de la organización.

Años después, la iniciativa se amplió a todo el mes de septiembre para disponer de más tiempo para desarrollar actividades de sensibilización y divulgación alrededor de las demencias.

Actualmente, septiembre reúne campañas, encuentros, actividades comunitarias y acciones informativas en numerosos países, mientras que el 21 de septiembre continúa siendo la fecha central de esta movilización internacional.

El Alzheimer sigue siendo un desafío para millones de familias

Detrás de las cifras sobre Alzheimer hay millones de historias personales. Según los datos más recientes publicados por la Organización Mundial de la Salud, en 2021 había 57 millones de personas viviendo con demencia en el mundo y cada año se producen cerca de 10 millones de nuevos casos.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más frecuente y representa aproximadamente entre el 60 % y el 70 % de los casos de demencia. Además, la demencia constituye actualmente una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores.

Sin embargo, detrás de una cifra como “57 millones” hay también parejas que reorganizan su vida, hijos que empiezan a acompañar a sus padres a las consultas, personas que reducen su jornada laboral para cuidar y familias que deben aprender poco a poco cómo responder ante situaciones completamente nuevas.

Por eso, el Día Mundial del Alzheimer no debería centrarse únicamente en hablar de la enfermedad. También es una oportunidad para mirar hacia quienes conviven diariamente con ella.

El mensaje de 2026: cuanto antes se conozca, más se puede hacer

La campaña internacional del Mes Mundial del Alzheimer de 2026 pone especialmente el foco en el diagnóstico temprano. Esto no significa que cualquier olvido ocasional deba interpretarse como Alzheimer.

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Olvidar dónde hemos dejado unas llaves o tardar en recordar un nombre puede ocurrir a cualquier edad. Lo que merece valoración son los cambios cognitivos persistentes que empiezan a interferir en la vida cotidiana.

El objetivo de la campaña es combatir el miedo y el estigma que todavía pueden hacer que algunas personas retrasen la consulta. Conocer qué está ocurriendo permite acceder antes a valoración, tratamiento cuando esté indicado, intervenciones no farmacológicas, información y planificación de los cuidados. También permite que la propia persona participe en las decisiones relacionadas con su futuro mientras conserva capacidad para hacerlo. 

Por eso, ante cambios persistentes de memoria, orientación, lenguaje, razonamiento o comportamiento, el paso adecuado no es intentar realizar un diagnóstico en casa, sino consultar con profesionales sanitarios.

Alzheimer no significa envejecimiento normal

Este es uno de los mensajes que merece repetirse cada 21 de septiembre: “La demencia no es una consecuencia inevitable de hacerse mayor”. La OMS explica que es más frecuente a partir de los 65 años, pero no forma parte del envejecimiento biológico normal. Se produce como consecuencia de diferentes enfermedades y lesiones que afectan al cerebro.

Confundir ambos conceptos puede hacer que algunas señales importantes se normalicen durante demasiado tiempo. También contribuye a crear una visión negativa de la vejez, como si perder inevitablemente la memoria y la autonomía fuese parte de cumplir años.

Por eso, mejorar el conocimiento sobre el Alzheimer no beneficia únicamente a quienes ya tienen un diagnóstico. También ayuda a toda la sociedad a entender mejor qué es (y qué no es) una demencia.

Hablar del Alzheimer también significa combatir el estigma

Todavía existen personas que ocultan un diagnóstico por miedo a cómo reaccionará su entorno. También hay familias que reducen progresivamente sus actividades sociales porque temen que determinados comportamientos resulten difíciles de explicar.

Precisamente uno de los objetivos históricos del Mes Mundial del Alzheimer es combatir el estigma y la discriminación asociados a las demencias.

Una persona no deja de ser ella misma el día que recibe un diagnóstico. Puede seguir expresando preferencias, disfrutando de actividades, manteniendo relaciones y participando en decisiones durante diferentes etapas de la enfermedad.

La forma en la que hablamos también importa. Reducir a alguien a “un enfermo de Alzheimer” hace que olvidemos todo lo demás: su historia, sus aficiones, su profesión, las personas que quiere y las cosas que todavía puede hacer.

Escuchar a la persona sigue siendo importante

A medida que una enfermedad neurodegenerativa avanza, puede resultar tentador tomar todas las decisiones sin contar con la persona afectada. Sin embargo, necesitar ayuda no significa perder automáticamente la capacidad de expresar preferencias.

Elegir qué ropa ponerse, decidir qué quiere comer, escoger entre dos actividades o mantener pequeñas rutinas conocidas son formas de conservar participación en la vida cotidiana.

Incluso cuando la comunicación verbal empieza a resultar más difícil, los gestos, las expresiones y las reacciones pueden proporcionar información sobre aquello que genera bienestar o malestar.

El cuidado centrado en la persona parte precisamente de esa idea: no cuidar únicamente una enfermedad, sino acompañar a una persona concreta.

Las rutinas pueden convertirse en un punto de apoyo

Una casa conocida, determinados horarios o pequeños hábitos cotidianos pueden adquirir especial importancia cuando aparecen dificultades cognitivas.

Desayunar en el mismo lugar, mantener un paseo habitual o escuchar una música conocida son pequeños elementos que aportan continuidad.

No se trata de convertir cada jornada en una sucesión rígida de actividades. Se trata de evitar cambios innecesarios y adaptar progresivamente el entorno cuando la persona empieza a tener dificultades.

La OMS señala que las intervenciones no farmacológicas, entre ellas la actividad física, la estimulación cognitiva, la participación social y la rehabilitación, pueden contribuir a mejorar el funcionamiento cotidiano y la calidad de vida de las personas con demencia.

Cuidar a quien cuida también forma parte del Día Mundial del Alzheimer

El impacto de la enfermedad no termina en la persona diagnosticada. La OMS estima que aproximadamente la mitad del coste económico mundial asociado a la demencia corresponde al cuidado proporcionado de manera informal por familiares y personas cercanas. Además, las mujeres realizan alrededor del 70 % de las horas de cuidados de las personas con demencia.

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Estas cifras ayudan a entender una realidad que muchas familias conocen bien. Cuidar puede implicar reorganizar horarios, acompañar a consultas, supervisar la alimentación, atender durante la noche o asumir progresivamente tareas que anteriormente realizaba la propia persona.

Y las necesidades pueden aumentar con el tiempo. Por eso, pedir ayuda no debería interpretarse como desentenderse del cuidado. Repartir responsabilidades y contar con apoyo cuando resulta necesario puede contribuir a mantener una atención sostenible durante más tiempo.

El hogar puede seguir siendo un lugar importante para la persona

Para muchas personas con Alzheimer, permanecer en un entorno conocido puede ayudar a conservar referencias y rutinas durante determinadas etapas de la enfermedad. Sin embargo, continuar en casa también exige ir adaptando los apoyos.

Al principio puede ser suficiente acompañar en algunas actividades. Más adelante pueden aparecer dificultades con el aseo, las comidas, la movilidad, la orientación o la supervisión.

Cuando una familia decide organizar atención domiciliaria privada, resulta importante que el cuidador conozca las necesidades de la persona y que exista cierta estabilidad en las rutinas y en la forma de relacionarse con ella.

MimoCare ofrece servicios de cuidado de personas mayores en Madrid, Barcelona, Málaga, Murcia y Sevilla, así como en numerosos municipios de estas provincias. Dependiendo de cada situación, la atención puede organizarse mediante cuidadores por horas, cuidadoras internas, apoyo nocturno o acompañamiento.

El Día Mundial del Alzheimer también mira hacia la investigación

El 21 de septiembre no es únicamente una jornada para sensibilizar sobre los cuidados actuales. También permite mirar hacia el futuro.

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En 2026, Alzheimer’s Disease International dedicará su World Alzheimer Report a los ensayos clínicos en demencia. La organización señala que actualmente existen 158 fármacos en 192 ensayos dentro de la cartera de investigación que analiza el informe.

La investigación es fundamental para avanzar en el diagnóstico, comprender mejor las diferentes enfermedades que provocan demencia y desarrollar nuevos tratamientos.

Pero los avances científicos necesitan convivir con otra prioridad inmediata: mejorar la vida de las personas que ya tienen un diagnóstico y de quienes las acompañan diariamente.

Ambos caminos son necesarios.

También podemos actuar antes de que aparezca una demencia

El Día Mundial del Alzheimer puede servir además para hablar de salud cerebral a lo largo de toda la vida.

En julio de 2026, la OMS publicó nuevas directrices sobre reducción del riesgo de deterioro cognitivo y demencia. Según la organización, hasta un 45 % del riesgo de demencia puede estar relacionado con factores modificables.

Entre ellos se encuentran la inactividad física, el aislamiento social, el tabaco, el consumo perjudicial de alcohol, la contaminación atmosférica y enfermedades como la hipertensión o la diabetes.

Esto no significa que el Alzheimer pueda prevenirse por completo ni que una persona que desarrolla la enfermedad haya hecho algo mal. Existen factores que no podemos modificar y todavía quedan muchas cuestiones por comprender.

El mensaje es diferente: cuidar la salud cardiovascular, mantenerse físicamente activo, conservar relaciones sociales y tratar adecuadamente determinadas enfermedades puede contribuir también a proteger la salud cerebral.

¿Qué podemos hacer este 21 de septiembre?

Participar en el Día Mundial del Alzheimer no exige necesariamente acudir a un gran evento. También podemos contribuir desde nuestra vida cotidiana.

Informarnos mediante fuentes fiables, evitar bromas que trivializan la pérdida de memoria, escuchar a una familia que está cuidando, ofrecer unas horas de ayuda o incluir a una persona con deterioro cognitivo en una actividad social son formas sencillas de combatir el aislamiento y el estigma. También podemos aprovechar la fecha para mantener conversaciones que muchas veces posponemos.

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¿Cómo quiere ser cuidada una persona si algún día necesita ayuda? ¿Preferiría permanecer en casa? ¿Quién podría asumir determinadas responsabilidades? ¿Necesita actualmente la familia más apoyo del que está recibiendo? Hablar antes de que aparezca una crisis permite tomar decisiones con mayor tranquilidad.

Un día para recordar que detrás del diagnóstico sigue estando la persona

El Día Mundial del Alzheimer tiene sentido si consigue que durante el resto del año miremos la enfermedad de una manera diferente. La investigación, el diagnóstico temprano y los tratamientos son fundamentales. Pero también lo son las pequeñas decisiones que determinan cómo vive una persona después de recibir el diagnóstico.

Escucharla, mantenerla vinculada a su entorno, respetar sus preferencias y ofrecer los apoyos adecuados puede marcar una enorme diferencia. Para las familias de toda España contar con servicios privados de atención domiciliaria como los de MimoCare puede ser una opción cuando las necesidades cotidianas empiezan a superar el apoyo que puede proporcionar el entorno familiar.

Porque detrás del Alzheimer hay una enfermedad que necesita investigación y atención sanitaria, pero también una persona que sigue necesitando algo mucho más sencillo: ser tratada como la persona que siempre ha sido.

Preguntas frecuentes sobre el Día Mundial del Alzheimer

¿El Alzheimer afecta únicamente a personas mayores?

No. Aunque el riesgo aumenta considerablemente con la edad, también existe el Alzheimer de inicio temprano, que puede aparecer antes de los 65 años. Por eso, la edad por sí sola no sirve para confirmar ni descartar la enfermedad.

¿Quién puede diagnosticar la enfermedad de Alzheimer?

El diagnóstico debe realizarlo un profesional sanitario. Habitualmente se parte de la historia clínica, la valoración de los síntomas y diferentes pruebas cognitivas y médicas. Dependiendo del caso, también pueden solicitarse análisis, pruebas de imagen u otras exploraciones para descartar causas diferentes.

¿Existe una prueba única para saber si una persona tiene Alzheimer?

No existe una única prueba que, por sí sola, permita diagnosticar todos los casos. La valoración combina información clínica, exploración cognitiva y funcional y, cuando está indicado, pruebas complementarias. Por eso no es recomendable intentar identificar la enfermedad mediante test caseros de Internet.

¿Puede aparecer Alzheimer aunque no haya antecedentes familiares?

Sí. Tener antecedentes familiares puede influir en el riesgo, especialmente en determinados casos poco frecuentes de origen genético, pero muchas personas diagnosticadas con Alzheimer no tienen familiares directos que hayan padecido la enfermedad.

¿Qué puedo hacer si sospecho que un familiar tiene problemas de memoria?

Lo más recomendable es observar si los cambios son persistentes y afectan a actividades cotidianas y solicitar una valoración médica. Anotar ejemplos concretos —olvidos repetidos, dificultades para orientarse, problemas con tareas habituales o cambios de comportamiento— puede resultar útil durante la consulta.

¿Hay que dejar de hacer actividades después de un diagnóstico de Alzheimer?

No necesariamente. Durante diferentes etapas de la enfermedad, la persona puede continuar realizando actividades adaptadas a sus capacidades y preferencias. Mantener cierta participación, actividad física, contacto social y rutinas conocidas puede contribuir a su bienestar.

¿Por qué es importante mantener la autonomía de una persona con Alzheimer?

Porque un diagnóstico no elimina automáticamente la capacidad de tomar decisiones o realizar actividades. Permitir que la persona continúe haciendo aquello que todavía puede realizar favorece su participación, autoestima y calidad de vida, siempre adaptando el entorno cuando sea necesario.

¿Qué papel puede tener la familia después del diagnóstico?

La familia suele convertirse en una parte importante de la red de apoyo: puede acompañar a consultas, ayudar a organizar rutinas, observar cambios y participar progresivamente en los cuidados. A medida que las necesidades aumentan, también puede resultar necesario repartir responsabilidades o incorporar apoyo profesional.

Trabajador Social en  | 951 68 26 81 |  + posts

Trabajador social orientado al bienestar y al cambio social, con experiencia en la intervención con personas, familias y comunidades.

Especializado en mediación, gestión de conflictos y empoderamiento social, contribuye a la integración, la cohesión social y la mejora de la calidad de vida mediante una práctica profesional responsable y colaborativa.

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