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martes, 1 septiembre, 2026
Escrito por Álvaro Morales

Diabetes en personas mayores: cómo cuidarla y qué debemos vigilar

La diabetes puede acompañar a una persona durante muchos años sin impedirle llevar una vida activa e independiente. Sin embargo, al llegar a edades avanzadas, su manejo puede volverse más complejo.

No es lo mismo controlar la diabetes en una persona de 65 años que mantiene plena autonomía que hacerlo en alguien de 85 que presenta problemas de movilidad, deterioro cognitivo, enfermedad renal o necesita ayuda para preparar las comidas y tomar correctamente la medicación.

Por eso, hablar de diabetes en personas mayores no consiste únicamente en hablar de niveles de glucosa. También hay que prestar atención a la alimentación, el estado funcional, las posibles interacciones entre medicamentos, la capacidad para seguir el tratamiento y, especialmente, el riesgo de sufrir una hipoglucemia.

Las recomendaciones actuales insisten precisamente en adaptar el tratamiento a cada persona. Esto se traduce en algo muy concreto: el cuidado de la diabetes debe evolucionar a medida que evolucionan las necesidades de la persona mayor.

¿Qué es la diabetes y por qué requiere especial atención en personas mayores?

La diabetes aparece cuando los niveles de glucosa en sangre son demasiado elevados. La glucosa constituye una fuente fundamental de energía para nuestro organismo y la insulina permite que pueda ser utilizada adecuadamente por las células.

Existen diferentes tipos de diabetes, aunque la diabetes tipo 2 es la más frecuente entre las personas mayores.

Con el paso de los años pueden aparecer, además, otras circunstancias que dificulten su manejo. Una persona puede desarrollar problemas renales, perder movilidad, tomar numerosos medicamentos o empezar a tener dificultades para recordar cuándo debe realizar un control o tomar un fármaco.

De hecho, los adultos mayores con diabetes presentan con mayor frecuencia problemas como deterioro funcional, pérdida acelerada de masa muscular, dificultades de movilidad, fragilidad y otras enfermedades crónicas. También son frecuentes situaciones geriátricas como las caídas, el deterioro cognitivo y la polimedicación.

Por este motivo, el objetivo no debería ser simplemente conseguir una determinada cifra en una analítica, sino mantener la enfermedad controlada sin comprometer la seguridad y la calidad de vida.

¿Cuáles son los síntomas de diabetes en personas mayores?

Uno de los problemas de la diabetes es que puede desarrollarse lentamente. Algunas personas apenas presentan síntomas durante bastante tiempo y otras interpretan determinados cambios como una consecuencia normal del envejecimiento.

Entre las posibles señales se encuentran:

  • Aumento de la sed
  • Necesidad de orinar con mayor frecuencia
  • Cansancio
  • Aumento del hambre
  • Pérdida de peso sin proponérselo
  • Visión borrosa
  • Hormigueo o entumecimiento en manos o pies
  • Heridas que tardan en curarse
  • Infecciones frecuentes

Si aparecen síntomas compatibles con diabetes, especialmente cuando se mantienen en el tiempo, lo adecuado es consultarlos con un profesional sanitario.

En una persona mayor, el tratamiento debe ser individualizado

Una de las ideas más importantes sobre diabetes y envejecimiento es que no todas las personas mayores deben perseguir exactamente los mismos objetivos de control. Las recomendaciones de la ADA de 2026 diferencian entre personas mayores con buen estado general y autonomía conservada, personas con enfermedades crónicas o limitaciones funcionales y aquellas que presentan un estado de salud muy complejo.

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¿Por qué? Porque intentar conseguir un control excesivamente estricto puede resultar contraproducente en determinadas personas, especialmente si aumenta el riesgo de hipoglucemia.

Por ejemplo, las necesidades de un hombre de 70 años que vive solo, hace ejercicio y gestiona perfectamente su tratamiento serán diferentes de las de una mujer de 90 años con demencia, enfermedad renal y dificultades para comer de forma regular.

Los objetivos de glucosa, la medicación y la frecuencia de los controles deben establecerlos profesionales sanitarios teniendo en cuenta estas circunstancias.  Por eso, la familia o el cuidador nunca deberían modificar por su cuenta las dosis de insulina o de otros medicamentos para intentar alcanzar unos valores determinados.

La hipoglucemia es uno de los riesgos que más debemos vigilar

Una hipoglucemia se produce cuando la glucosa en sangre baja demasiado. Las personas mayores presentan un riesgo especialmente importante, sobre todo cuando utilizan determinados medicamentos para la diabetes, entre ellos la insulina y algunos fármacos que pueden reducir considerablemente la glucosa.

El riesgo puede aumentar por diferentes circunstancias. Una persona puede administrarse su tratamiento y después comer mucho menos de lo habitual. También puede empezar a tener dificultades para gestionar correctamente las dosis o desarrollar problemas renales que modifiquen la respuesta a determinados medicamentos.

Por eso, es importante que las familias y cuidadores conozcan las señales que les haya indicado el equipo sanitario y sepan cómo actuar siguiendo el plan establecido para esa persona.

Cuando aparecen problemas de memoria, el control puede complicarse

La diabetes exige realizar pequeñas tareas todos los días. Recordar la medicación, respetar determinados horarios, controlar la glucosa cuando esté indicado, organizar las comidas o administrar correctamente la insulina puede resultar relativamente sencillo mientras se conserva la autonomía.

Pero puede dejar de serlo cuando aparece deterioro cognitivo. Algunas señales pueden ser especialmente reveladoras:

  • Olvidar repetidamente la medicación
  • Tomar una dosis dos veces
  • No recordar si se ha comido
  • Tener dificultades para utilizar el glucómetro
  • Equivocarse con la administración de insulina
  • Dejar de comprender las instrucciones del tratamiento

Cuando empiezan a aparecer estos problemas, la solución no debería consistir únicamente en repetir las instrucciones. Puede ser necesario reorganizar los apoyos que recibe la persona en casa y consultar al equipo sanitario para comprobar si el tratamiento continúa siendo adecuado a su situación.

La alimentación debe ser saludable, pero también realista

La alimentación es una parte importante del manejo de la diabetes, pero en las personas mayores aparecen factores que no siempre tenemos en cuenta. 

Puede haber pérdida de apetito, dificultades para masticar o tragar, problemas dentales, menor capacidad para cocinar o simplemente cansancio para hacer la compra. En estas circunstancias, decir “tiene que seguir una dieta para diabéticos” resulta insuficiente.

Hay que valorar si realmente está comiendo. Esto es especialmente importante cuando la persona utiliza medicamentos capaces de provocar hipoglucemia. Saltarse comidas o comer cantidades muy inferiores a las habituales puede aumentar el riesgo.

La alimentación debe seguir las indicaciones individualizadas de los profesionales sanitarios y adaptarse, además, a las preferencias y circunstancias de la persona. Un cuidador por horas a domicilio puede ayudar con la compra, preparación de las comidas y observación de la ingesta, pero no debe establecer dietas terapéuticas ni modificar las recomendaciones médicas.

Beber suficiente también importa

La hidratación puede pasar inadvertida dentro de los cuidados de la diabetes. Las personas mayores pueden beber menos de lo necesario por diferentes razones y una glucosa muy elevada puede favorecer la pérdida de líquidos a través de la orina.

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La ADA advierte de que una hiperglucemia significativa puede aumentar, entre otros problemas, el riesgo de deshidratación, debilidad, infecciones y mala cicatrización. En épocas de altas temperaturas esta cuestión merece todavía más atención.

En ciudades como Sevilla, Murcia o Málaga, donde pueden producirse episodios de calor intenso durante el verano, conviene que las familias y cuidadores estén especialmente pendientes de que la persona siga las recomendaciones de hidratación indicadas por sus profesionales sanitarios.

Si existen enfermedades renales, cardíacas u otras condiciones que requieran limitar los líquidos, deben respetarse siempre las indicaciones médicas específicas.

Cuidar los pies debería formar parte de la rutina

Los pies merecen especial atención en las personas con diabetes. La enfermedad puede afectar a los nervios y hacer que disminuya la sensibilidad. Esto puede provocar que una pequeña herida, una rozadura o una ampolla pase inadvertida.

En una persona mayor que tiene dificultades para agacharse o problemas de visión, revisar sus propios pies puede resultar complicado. Aquí la observación cotidiana adquiere mucha importancia.

Detectar pronto una pequeña lesión permite comunicarla a la familia y solicitar valoración profesional antes de que evolucione.

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La salud visual también necesita seguimiento

La diabetes también puede afectar a la salud de los ojos. Una de sus posibles complicaciones es la retinopatía diabética, que se produce por daños en los vasos sanguíneos de la retina y puede afectar progresivamente a la visión.

En las personas mayores, detectar estos problemas es especialmente importante porque una pérdida de visión puede repercutir directamente en su autonomía y seguridad. Puede dificultar tareas tan cotidianas como leer las indicaciones de los medicamentos, controlar la glucosa, desplazarse con seguridad por casa o identificar correctamente los alimentos.

Por ello, es importante mantener las revisiones oftalmológicas indicadas por los profesionales sanitarios y consultar si aparecen cambios en la visión. La familia o el cuidador también pueden prestar atención a señales indirectas, como nuevas dificultades para leer, reconocer objetos, calcular distancias o desenvolverse en espacios que antes resultaban familiares.

La actividad física sigue siendo importante

Tener diabetes no significa que una persona mayor deba llevar una vida sedentaria. Siempre que su estado de salud lo permita, mantenerse físicamente activo puede contribuir al control de la glucosa y aportar otros beneficios relacionados con la movilidad y la autonomía.

Caminar puede ser suficiente para muchas personas, mientras que otras necesitarán ejercicios adaptados a sus capacidades. Las recomendaciones actuales para adultos mayores con diabetes conceden especial importancia a la actividad física y al mantenimiento de la masa muscular.

Sin embargo, el ejercicio también debe individualizarse. Una persona con problemas importantes de equilibrio, neuropatía, enfermedad cardiovascular o antecedentes de caídas puede necesitar una valoración profesional antes de iniciar determinadas actividades.

En el día a día, algo tan sencillo como acompañar a una persona mayor durante sus paseos puede ayudar a mantener una rutina activa con mayor seguridad.

La diabetes no debe hacer que olvidemos el resto de la salud

A medida que cumplimos años es frecuente convivir con varias enfermedades al mismo tiempo. Una persona puede tener diabetes, hipertensión, artrosis y enfermedad renal y tomar medicamentos para cada una de estas condiciones.

Por eso, tratar la diabetes de manera aislada tiene cada vez menos sentido. También es importante mantener las revisiones relacionadas con los ojos, riñones, sistema cardiovascular, pies y otras posibles complicaciones de la diabetes.

Si la persona comienza a tener dificultades para gestionar las citas o comprender cambios en su tratamiento, la familia puede necesitar implicarse progresivamente.

¿Qué puede aportar un cuidador en casa?

Cuando la persona conserva su autonomía, probablemente pueda gestionar buena parte de la enfermedad por sí misma. El problema aparece cuando empieza a necesitar ayuda para las actividades cotidianas.

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Un cuidador puede prestar apoyo en tareas como preparar las comidas siguiendo las indicaciones establecidas, acompañar a pasear, ayudar con la movilidad, recordar rutinas acordadas con la familia o acompañar a consultas. 

También puede convertirse en una fuente de observación importante. Que una persona esté comiendo mucho menos, presente una herida en el pie, esté especialmente débil o empiece a confundirse con sus rutinas son cambios que conviene trasladar a la familia y, cuando corresponda, a los profesionales sanitarios.

MimoCare ofrece servicios en el cuidado de personas mayores a domicilio en Madrid, Barcelona, Bilbao, Vitoria o San Sebastián, así como en numerosos municipios de estas provincias.  En todos estos casos, la función del cuidador es apoyar el día a día y seguir las pautas establecidas, no diagnosticar la diabetes ni modificar tratamientos médicos.

Cuidar la diabetes también es proteger la autonomía

El manejo de la diabetes en una persona mayor no debería convertirse en una persecución constante de números. La glucosa importa, pero también importa que la persona coma adecuadamente, pueda moverse, conserve su masa muscular, tome correctamente su medicación y continúe participando en las decisiones sobre su propia salud.

Con el paso de los años puede ser necesario simplificar rutinas y aumentar progresivamente el apoyo. Una persona que durante décadas gestionó su diabetes sola puede necesitar ayuda en algún momento, y detectar ese cambio a tiempo permite reorganizar los cuidados antes de que aparezcan problemas.

Para las familias, el objetivo debería ser encontrar ese equilibrio: ayudar allí donde sea necesario sin retirar autonomía donde todavía existe.

Preguntas frecuentes sobre diabetes en personas mayores

¿La diabetes puede provocar cansancio en una persona mayor?

Sí. El cansancio puede aparecer entre los síntomas de la diabetes, aunque también puede deberse a numerosas enfermedades y circunstancias diferentes. Si es persistente o aparece junto con mayor sed, aumento de la micción, pérdida de peso u otros cambios, conviene consultarlo.

¿Una persona mayor con diabetes puede comer fruta?

La diabetes no implica eliminar automáticamente la fruta. La alimentación debe individualizarse teniendo en cuenta el tratamiento, las necesidades nutricionales y otras enfermedades. Si existen dudas sobre cantidades o distribución de alimentos, deben consultarse con los profesionales sanitarios que conozcan el caso.

¿Es peligroso que una persona mayor con diabetes se salte una comida?

Puede serlo en determinadas circunstancias, especialmente cuando utiliza insulina u otros medicamentos capaces de provocar hipoglucemia. La ADA señala la ingesta irregular como uno de los factores que puede aumentar este riesgo en adultos mayores.

¿Qué pasa si una persona mayor empieza a olvidar si ha tomado su medicación?

Es una señal que merece atención. Duplicar u omitir dosis puede comprometer la seguridad y también puede indicar que la persona está teniendo dificultades cognitivas. Conviene comunicarlo a la familia y al equipo sanitario para revisar cómo organizar el tratamiento de forma segura.

¿Las personas mayores con diabetes tienen los mismos objetivos de glucosa que los adultos jóvenes?

No necesariamente. Los objetivos deben individualizarse teniendo en cuenta el estado general, la autonomía, la función cognitiva, las enfermedades asociadas y el riesgo de hipoglucemia. En personas mayores con una salud compleja puede ser más importante evitar hipoglucemias y síntomas derivados de una glucosa excesivamente elevada que perseguir un control demasiado estricto.

Trabajador Social en  | 951 68 26 81 |  + posts

Trabajador social orientado al bienestar y al cambio social, con experiencia en la intervención con personas, familias y comunidades.

Especializado en mediación, gestión de conflictos y empoderamiento social, contribuye a la integración, la cohesión social y la mejora de la calidad de vida mediante una práctica profesional responsable y colaborativa.

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