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martes, 26 mayo, 2026
Escrito por Álvaro Morales

Dolor de cadera en ancianos: causas más frecuentes y cómo aliviarlo

El dolor de cadera en ancianos es una de las molestias más habituales en la tercera edad y puede afectar mucho a su calidad de vida. Actividades cotidianas como caminar, levantarse de una silla, subir escaleras o incluso descansar pueden volverse más difíciles cuando aparece este tipo de dolor.

En muchos casos, las molestias aparecen de forma progresiva y al principio parecen algo puntual. Sin embargo, con el tiempo pueden limitar la movilidad, aumentar el riesgo de caídas y hacer que la persona mayor pierda autonomía en su día a día.

Por eso, entender qué puede causar dolor de cadera en personas mayores es importante para actuar a tiempo y evitar que el problema empeore. No siempre se trata de una lesión grave, pero sí conviene observar cuándo aparece el dolor, cómo evoluciona y qué impacto tiene en la movilidad.

En esta guía MimoCare te explica cuáles son las causas más frecuentes del dolor de cadera en ancianos, qué síntomas conviene vigilar y qué medidas pueden ayudar a mejorar el bienestar y la movilidad.

Por qué el dolor de cadera es tan frecuente en personas mayores

Con el envejecimiento, las articulaciones y los músculos van perdiendo elasticidad, fuerza y capacidad de amortiguación. Esto hace que la cadera soporte más desgaste con el paso del tiempo.

Además, la cadera es una articulación fundamental para el movimiento y soporta gran parte del peso corporal. Por eso, cualquier problema en esta zona suele afectar directamente a la movilidad.

Según la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG), los problemas musculoesqueléticos son una de las principales causas de dolor y pérdida de autonomía en personas mayores.

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El dolor puede aparecer de forma puntual o mantenerse de manera constante, dependiendo de la causa que lo origine.

Primer paso: observar cómo aparece el dolor

Muchas familias se alarman rápidamente cuando una persona mayor empieza a sentir dolor de cadera, especialmente por miedo a una fractura. Sin embargo, no todas las molestias tienen el mismo origen.

Por eso, es importante observar:

  • Cuándo aparece el dolor
  • Si empeora al caminar o en reposo
  • Si existe rigidez o inflamación
  • SI ha habido una caída reciente
  • Si afecta solo a una zona o irradia hacia la pierna

Estos detalles ayudan a entender mejor qué puede estar ocurriendo y cuándo conviene consultar con un profesional.

La artrosis es una de las causas más habituales

La artrosis de cadera, también llamada coxartrosis, es una de las causas más frecuentes de dolor de cadera en ancianos. Se produce por el desgaste progresivo del cartílago de la articulación, lo que genera fricción, inflamación y dolor.

Algunos síntomas habituales son:

  • Dolor al caminar
  • Rigidez al levantarse
  • Dificultad para moverse con normalidad
  • Molestias que empeoran con la actividad

Según la Fundación Española de Reumatología, la artrosis aumenta con la edad y afecta especialmente a personas mayores de 65 años. Aunque no siempre puede evitarse, ciertos hábitos ayudan a reducir su impacto en la movilidad.

Las caídas y fracturas requieren atención inmediata

Las causas de caídas en personas mayores son variadas y pueden provocar lesiones importantes en la cadera, especialmente fracturas.

Las fracturas de cadera son más frecuentes cuando existe osteoporosis, una enfermedad que debilita los huesos y aumenta el riesgo de rotura.

Algunas señales de alerta son:

  • Dolor intenso tras una caída
  • Imposibilidad para apoyar la pierna
  • Dificultad para levantarse
  • Acortamiento o giro de la pierna afectada

En estos casos, es importante buscar atención médica inmediata.

La bursitis también puede provocar dolor de cadera

Otra causa relativamente frecuente es la bursitis cadera o trocanteritis, que consiste en la inflamación de unas bolsas pequeñas que ayudan a reducir la fricción entre huesos y tejidos.

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Este dolor suele localizarse en la parte lateral de la cadera y puede empeorar al caminar, al subir escaleras o al permanecer mucho tiempo de lado.

En algunos casos, aparece después de esfuerzos repetitivos o cambios en la forma de caminar. Aunque suele mejorar con tratamiento y reposo, conviene valorar si el dolor persiste.

Los problemas musculares y de espalda también pueden influir

No todo el dolor que se nota en la cadera tiene realmente origen en la articulación. En muchas personas mayores, problemas musculares o alteraciones en la columna lumbar pueden generar molestias que se irradian hacia la zona de la cadera.

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Por ejemplo, si la persona padece o ha padecido contracturas musculares, ciática, desgaste lumbar o pérdida de masa muscular.

Esto explica por qué a veces el dolor cambia de intensidad o aparece junto con molestias en la espalda o las piernas. Por eso, un buen diagnóstico es importante antes de iniciar tratamientos o ejercicios.

Cómo puede afectar el dolor de cadera a la autonomía

Cuando una persona mayor siente dolor al moverse, es habitual que reduzca progresivamente su actividad física. Al principio puede evitar paseos largos o ciertos movimientos, pero con el tiempo esto puede favorecer:

  • Pérdida de fuerza muscular
  • Más rigidez
  • Peor equilibrio
  • Mayor riesgo de caídas

Además, el dolor constante también puede afectar al estado de ánimo y favorecer el aislamiento o la dependencia. Por eso, actuar a tiempo ayuda no solo a aliviar molestias, sino también a preservar la autonomía.

Qué medidas pueden ayudar a aliviar el dolor

El tratamiento depende siempre de la causa, pero algunas medidas generales suelen ayudar a mejorar el bienestar:

  • Mantener actividad física suave adaptada
  • Controlar el peso si es necesario
  • Evitar esfuerzos bruscos
  • Utilizar calzado cómodo y seguro
  • Seguir las pautas médicas y de fisioterapia

En muchos casos, ejercicios suaves de movilidad y fortalecimiento ayudan a reducir rigidez y mejorar la estabilidad.

Eso sí, es importante evitar automedicarse o realizar ejercicios sin orientación profesional cuando existe dolor persistente.

Cuándo conviene consultar con un profesional

Aunque algunas molestias leves pueden mejorar con reposo o cuidados básicos, conviene consultar cuando:

  • El dolor dura varios días
  • Limita la movilidad
  • Aparece tras una caída
  • Existe inflamación importante
  • La persona mayor deja de caminar con normalidad
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Un diagnóstico temprano ayuda a evitar complicaciones y permite adaptar mejor el tratamiento y el cuidado diario.

Errores que conviene evitar

Uno de los errores más frecuentes es asumir que el dolor es “normal por la edad” y no darle importancia.

También es habitual reducir completamente la actividad física por miedo al dolor, algo que suele empeorar la rigidez y la pérdida de movilidad.

Otro fallo común es utilizar tratamientos o ejercicios sin saber realmente cuál es la causa de las molestias.

La clave está en encontrar un equilibrio entre descanso, movimiento y seguimiento profesional.

Cuando aliviar el dolor también es una forma de cuidar

El dolor de cadera no solo afecta físicamente. También puede cambiar la forma en que una persona mayor se mueve, descansa o participa en su vida cotidiana. Por eso, entender qué lo provoca y buscar soluciones adaptadas puede ayudar a mejorar mucho su bienestar y su calidad de vida.

El dolor de cadera en ancianos puede tener distintas causas, desde desgaste articular hasta lesiones o problemas musculares. Detectar el origen del dolor y actuar a tiempo permite mejorar el bienestar y prevenir complicaciones mayores.

En MimoCare sabemos que el dolor y las limitaciones de movilidad pueden afectar mucho al bienestar de una persona mayor. Por eso, acompañamos a las familias para ofrecer un cuidado más seguro, cercano y adaptado a las necesidades reales de cada etapa.

Trabajador Social en  | 951 68 26 81 |  + posts

Trabajador social orientado al bienestar y al cambio social, con experiencia en la intervención con personas, familias y comunidades.

Especializado en mediación, gestión de conflictos y empoderamiento social, contribuye a la integración, la cohesión social y la mejora de la calidad de vida mediante una práctica profesional responsable y colaborativa.

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