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martes, 18 agosto, 2026
Escrito por Álvaro Morales

Hiporexia en personas mayores: qué es y cómo prevenirla

Que una persona mayor empiece a comer menos puede parecer un cambio sin demasiada importancia. A veces se atribuye a la edad, a que realiza menos actividad física o simplemente a que “ya no necesita comer tanto”. Sin embargo, cuando la falta de apetito se mantiene en el tiempo merece atención.

La hiporexia en personas mayores consiste en una disminución del apetito que puede hacer que la persona reduzca progresivamente la cantidad de alimentos que consume. No es una enfermedad en sí misma y puede tener múltiples causas, desde cambios asociados al envejecimiento hasta problemas de salud, medicamentos o factores emocionales.

Cuando esta situación se prolonga, existe el riesgo de no cubrir correctamente las necesidades nutricionales. Esto puede favorecer la pérdida involuntaria de peso y masa muscular y aumentar la vulnerabilidad de una persona que ya presenta problemas de salud o dependencia. La reducción de la ingesta es uno de los factores que deben valorarse ante el riesgo de desnutrición en ancianos.

Por eso, saber reconocer la hiporexia y entender qué puede estar provocándola es el primer paso para actuar antes de que afecte de forma importante al estado general.

¿Qué es la hiporexia en personas mayores?

La hiporexia es la disminución parcial del apetito. La persona sigue comiendo, pero muestra menos interés por la comida o consume cantidades inferiores a las habituales.

Puede manifestarse de maneras muy diferentes. Algunas personas dejan parte del plato sin terminar; otras eliminan progresivamente alguna comida del día o aseguran sentirse llenas después de tomar cantidades muy pequeñas.

En el envejecimiento pueden producirse cambios que favorecen una menor ingesta. La SEGG señala factores como las alteraciones del gusto y del olfato, la sequedad bucal, los cambios digestivos, determinadas enfermedades y algunos medicamentos entre las circunstancias que pueden afectar negativamente al apetito de las personas mayores.

Por tanto, que una persona tenga menos apetito a medida que envejece no significa que debamos ignorarlo.

Por qué una persona mayor puede perder el apetito

Una de las características de la hiporexia es que no existe una única causa. En ocasiones intervienen simultáneamente varios factores. Identificarlos es importante porque la solución dependerá precisamente de aquello que esté provocando la disminución del apetito.

Entre las posibles causas encontramos:

  • Cambios en el gusto y el olfato
  • Problemas dentales o dificultad para masticar
  • Sequedad de boca
  • Dificultad para tragar
  • Estreñimiento u otras molestias digestivas
  • Enfermedades agudas o crónicas
  • Determinados medicamentos
  • Dolor
  • Pérdida de autonomía para comprar o cocinar
  • Tristeza, duelo o aislamiento social
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También puede aparecer después de una hospitalización o durante la recuperación de una enfermedad. Por este motivo, cuando la pérdida de apetito aparece de manera repentina, es intensa o persiste durante varios días, conviene comentarlo con el profesional para identificar qué está ocurriendo.

No querer comer no significa que no guste la comida

Este es un aspecto que las familias pueden pasar por alto. Una persona puede seguir disfrutando de determinados alimentos y, sin embargo, comer cada vez menos porque existe una dificultad que no ha expresado.

Por ejemplo, una prótesis dental que produce dolor puede hacer que evite alimentos sólidos. Una persona con problemas para tragar puede sentir miedo a atragantarse. Alguien que vive solo puede dejar de cocinar porque preparar una comida únicamente para sí mismo le supone demasiado esfuerzo.

Por eso, antes de insistir continuamente con frases como “tienes que comer más”, resulta mucho más útil intentar averiguar por qué está comiendo menos. Observar qué alimentos rechaza, cuánto tarda en comer o si aparecen molestias durante las comidas puede proporcionar información muy valiosa.

Qué señales pueden indicar hiporexia

La cantidad de comida que queda en el plato no es el único indicador. También conviene observar cambios en el estado general.

Algunas señales que merecen atención son:

  • Pérdida de peso involuntaria
  • Ropa que empieza a quedar más holgada
  • Debilidad
  • Cansancio mayor de lo habitual
  • disminución de la fuerza
  • Menor actividad diaria
  • Dificultad para realizar tareas que antes hacía con normalidad

ESPEN considera la pérdida involuntaria de peso y la reducción de la masa muscular signos importantes dentro de la valoración de la desnutrición. También señala que las personas mayores presentan un riesgo especialmente elevado cuando existen factores que reducen la ingesta, como enfermedades, inmovilidad o problemas para masticar y dificultad para tragar.

Hiporexia y pérdida de masa muscular

Una de las consecuencias que más preocupa cuando la ingesta resulta insuficiente es la pérdida de masa muscular. Los músculos son fundamentales para actividades tan cotidianas como levantarse de una silla, caminar, subir un escalón o mantener el equilibrio.

Cuando una persona mayor come poco durante un periodo prolongado y no obtiene suficiente energía y nutrientes, puede aumentar el riesgo de deterioro nutricional. Además, la malnutrición está estrechamente relacionada con problemas como la fragilidad y la sarcopenia en la población mayor.

Esto puede generar un círculo difícil de romper: la persona come menos, pierde fuerza, se mueve menos y termina necesitando más ayuda para actividades que anteriormente realizaba sola. Por eso, detectar el problema antes de llegar a ese punto resulta fundamental.

Cómo ayudar a una persona mayor que ha perdido el apetito

No existe una solución universal, porque primero debe conocerse la causa. Sin embargo, cuando el profesional sanitario no ha establecido restricciones específicas, algunas estrategias pueden facilitar la alimentación.

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Una de ellas consiste en evitar platos excesivamente grandes. Ver mucha comida puede generar rechazo incluso antes de empezar. En determinados casos puede resultar más cómodo repartir la alimentación en varias tomas de menor tamaño. También puede ayudar:

  • Presentar los alimentos de forma apetecible
  • Respetar los gustos de la persona
  • Variar las preparaciones
  • Favorecer un ambiente tranquilo durante las comidas
  • Adaptar la textura si existen dificultades para masticar, siguiendo las recomendaciones profesionales
  • Evitar que la persona llegue excesivamente cansada a la comida

Las guías de ESPEN recomiendan que las intervenciones nutricionales en personas mayores sean individualizadas y tengan en cuenta tanto el estado clínico como las necesidades y preferencias de la persona.

Comer acompañado puede cambiar la experiencia

La alimentación también tiene una dimensión social. Sentarse a la mesa no consiste únicamente en ingerir nutrientes. Las comidas forman parte de nuestras costumbres, nuestras relaciones y buena parte de nuestra vida familiar.

Para una persona que ha compartido durante décadas las comidas con su pareja o su familia, empezar a comer sola todos los días puede modificar completamente esa experiencia.

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Por eso, cuando existe aislamiento, acompañar durante alguna comida puede ayudar a recuperar ciertas rutinas. No se trata de obligar a terminar el plato, sino de volver a convertir ese momento en una actividad agradable.

Este aspecto adquiere especial importancia en personas mayores que viven solas y pasan muchas horas sin compañía.

La hidratación tampoco debe pasar desapercibida

Cuando una persona pierde el interés por la comida, también conviene comprobar cuánto está bebiendo. Las personas mayores presentan un mayor riesgo de deshidratación y esta vulnerabilidad aumenta especialmente en quienes son más frágiles o necesitan cuidados.

Ofrecer líquidos regularmente puede ayudar cuando la persona no recuerda beber por iniciativa propia. Aunque las cantidades deben adaptarse si existe alguna indicación médica específica relacionada, por ejemplo, con enfermedades cardíacas o renales.

Durante los meses de calor esta supervisión cobra todavía más importancia en zonas del sur peninsular, donde las temperaturas elevadas pueden incrementar las necesidades de vigilancia de la hidratación en ancianos. Por eso, contar con cuidadores especializados en Málaga o un servicio de cuidados para mayores a domicilio en Sevilla o cuidado de personas mayores en Murcia, puede marcar la diferencia.  

Ojo con los suplementos nutricionales

Cuando una familia observa que su familiar come poco puede pensar inmediatamente en comprar suplementos nutricionales. Sin embargo, estos productos no deberían utilizarse como sustitutos de una valoración profesional.

Las intervenciones nutricionales deben adaptarse al estado de salud, necesidades energéticas, capacidad para comer y posibles enfermedades de cada persona. Aunque los suplementos alimenticios para personas mayores pueden parecer una solución frente a la malnutrición, hay que usarlos siempre y cuando sean recetados por un profesional. 

Si existe una pérdida significativa de peso o una reducción importante de la ingesta, lo recomendable es consultar con el médico, enfermería o un dietista-nutricionista para determinar qué intervención resulta apropiada.

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Un cuidador puede detectar cambios que no se ven

Cuando una persona mayor recibe atención domiciliaria varias horas al día, el cuidador ocupa una posición privilegiada para observar cómo evolucionan sus rutinas. Puede detectar que empieza a dejar sistemáticamente parte de la comida, que bebe menos, que rechaza alimentos que antes disfrutaba o que necesita cada vez más ayuda para cocinar.

También puede colaborar en la compra y preparación de alimentos, mantener horarios regulares y acompañar durante las comidas siguiendo siempre las indicaciones establecidas por la familia y los profesionales sanitarios.

Este tipo de apoyo forma parte de los servicios de cuidado de personas mayores a domicilio que MimoCare ofrece en Madrid, Barcelona, Bilbao, San Sebastián o Vitoria, entre otras, así como en numerosos municipios de estas provincias.

La función del cuidador no es diagnosticar ni establecer una dieta, sino observar, acompañar y comunicar cambios relevantes para que la familia pueda solicitar valoración sanitaria cuando sea necesario.

Cuándo consultar con un profesional sanitario

Una disminución puntual del apetito puede aparecer durante unos días por múltiples motivos. 

Sin embargo, conviene solicitar valoración profesional cuando la situación se mantiene o aparecen otras señales. Especialmente si existe pérdida involuntaria de peso; rechazo persistente de los alimentos; dificultad o dolor al tragar; vómitos frecuentes; signos de deshidratación; debilidad progresiva o deterioro notable del estado general.

También es importante consultar cuando la hiporexia aparece de forma brusca, ya que puede ser la manifestación de un problema médico que requiere atención.

Recuperar el apetito empieza por descubrir qué lo está reduciendo

Ante la hiporexia en una persona mayor, el objetivo no debería ser simplemente conseguir que coma más. Lo verdaderamente importante es descubrir por qué ha dejado de hacerlo.

Puede existir un problema físico, una dificultad para preparar los alimentos, un medicamento que altera el apetito o incluso un cambio emocional que está afectando a sus rutinas. Cada situación requiere una respuesta diferente.

Observar los cambios, controlar la evolución del peso y pedir valoración profesional cuando la pérdida de apetito persiste permite actuar antes de que aparezca un deterioro nutricional importante.

Y cuando las dificultades cotidianas también están influyendo en la alimentación, contar con apoyo en casa puede ayudar a recuperar rutinas, mantener una alimentación organizada y detectar cualquier cambio que deba comunicarse a la familia o al equipo sanitario.

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Trabajador social orientado al bienestar y al cambio social, con experiencia en la intervención con personas, familias y comunidades.

Especializado en mediación, gestión de conflictos y empoderamiento social, contribuye a la integración, la cohesión social y la mejora de la calidad de vida mediante una práctica profesional responsable y colaborativa.

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