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jueves, 16 abril, 2026
Escrito por Álvaro Morales

Riesgos del sedentarismo en personas mayores y cómo prevenirlo

Cuando hablamos de sedentarismo en personas mayores, no estamos hablando sólo de “hacer menos ejercicio”. Estamos hablando de un cambio que puede influir directamente en su autonomía, su estado de ánimo y su calidad de vida.

En este artículo te explicamos qué riesgos tiene el sedentarismo y, sobre todo, cómo puedes prevenirlo desde el día a día con acciones realistas y adaptadas.

Si ya estás acompañando a un familiar en esta situación y buscas apoyo en el cuidado de personas mayores, MimoCare te ayuda a entender cómo fomentar un estilo de vida más activo puede marcar una diferencia importante en su bienestar.

¿Por qué el sedentarismo es frecuente en personas mayores?

Antes de intentar cambiar hábitos, es importante entender por qué ocurre. En muchas personas mayores, la falta de actividad no tiene que ver con falta de voluntad, sino con una combinación de factores:

  • Miedo a caerse o lesionarse
  • Dolor articular o muscular
  • Pérdida de fuerza o equilibrio
  • Cambios en la rutina (jubilación, menos vida social)
  • Falta de motivación o sensación de inutilidad

A esto se suma algo muy habitual: cuando se reduce la actividad durante un tiempo, recuperar el movimiento es más complicado. Y cuanto más cuesta, más se evita. Es un círculo que se va reforzando solo. Por eso, no basta con decir “tiene que moverse más”. Hay que entender qué hay detrás de esa inactividad.

¿Qué riesgos tiene pasar demasiado tiempo sin moverse?

El sedentarismo no es solo una cuestión de estilo de vida; tiene consecuencias directas y graves en la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la inactividad física es uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel global. En personas mayores, sus efectos son aún más visibles:

  • Pérdida de fuerza y autonomía (Sarcopenia). Cuando una persona pasa muchas horas sentada, el cuerpo pierde capacidad funcional de forma acelerada. Disminuye la masa muscular, se reduce la densidad ósea y aumenta la dificultad para realizar gestos tan simples como levantarse de una silla o vestirse. Cuando estas tareas cotidianas cuestan más, la dependencia aumenta inevitablemente.
  • Mayor riesgo de caídas. La falta de movimiento debilita los músculos estabilizadores y empeora la coordinación motora. Esto se traduce en más inestabilidad y una mayor probabilidad de sufrir tropiezos o caídas. Muchas veces, una caída marca un antes y un después en la vida de una persona mayor, mermando su confianza y acelerando el deterioro físico.
  • Impacto en la salud general. El sedentarismo está directamente relacionado con el aumento del riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y obesidad. Incluso en personas que no tienen patologías graves previas, la inactividad prolongada altera el metabolismo y empeora la circulación sanguínea.
  • Cambios en el estado de ánimo. Es el efecto “invisible” pero más profundo. Al moverse menos, se reduce el contacto social y disminuye la sensación de utilidad. Esto suele derivar en cuadros de apatía, desánimo o incluso depresión. En muchos casos, no es solo que la persona no se mueva porque está desanimada, sino que se desanima precisamente porque cada vez se mueve menos.
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¿Cuánta actividad necesita realmente una persona mayor?

Las recomendaciones oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para adultos mayores de 65 años son claras, aunque a menudo se desconocen. Para mantener una buena salud funcional, lo ideal es realizar:

  • Entre 150 y 300 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada.
  • Actividades de fortalecimiento muscular y equilibrio funcional
  • Se recomienda realizarlas al menos 3 días a la semana. Esto es vital para mejorar la capacidad funcional y, sobre todo, para prevenir caídas accidentales.

Sin embargo, en la práctica, lo realmente clave es entender que cualquier movimiento es mejor que ninguno. No hace falta empezar con rutinas exigentes que puedan generar rechazo; lo que mejor funciona es introducir el movimiento poco a poco y de forma natural en el día a día. 

Pasar de la inactividad total a caminar solo diez minutos ya supone un beneficio real para el organismo.

¿Cómo ayudar a una persona mayor a moverse más sin generar rechazo?

Aquí es donde muchas familias se bloquean. No se trata de obligar ni de imponer ejercicio, sino de facilitar pequeñas acciones que tengan sentido para la persona.

Empieza por integrar movimiento en su rutina

En lugar de plantearlo como “hacer ejercicio”, es más útil:

  • Dar paseos cortos
  • Levantarse varias veces al día
  • Participar en tareas sencillas
  • Moverse dentro de casa con intención

Cuando el movimiento forma parte del día, no se percibe como una obligación.

Reduce el tiempo sentado poco a poco

Un cambio muy efectivo es interrumpir largos periodos de inactividad. Por ejemplo:

  • Levantarse cada cierto tiempo
  • Alternar actividades (ver televisión + moverse un poco)
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No hace falta cambiar todo de golpe.

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Adapta la actividad a su situación real

Cada persona es diferente. No es lo mismo alguien con buena movilidad que alguien con dolor o dependencia. Por eso es importante:

  • Ajustar el ritmo
  • Evitar comparaciones
  • Priorizar lo que sí puede hacer

Dale sentido a lo que hace

Una persona mayor se implicará más si entiende para qué sirve lo que está haciendo. No es lo mismo decirle a una persona “tienes que caminar” que “esto te va a ayudar a sentirte más ágil y seguro”. 

Acompaña, no impongas

Muchas veces, lo que marca la diferencia es hacerlo juntos.

  • Salir a caminar acompañado
  • Compartir una actividad
  • Convertirlo en un momento social

El movimiento deja de ser esfuerzo y pasa a ser conexión.

Errores al intentar activar a una persona mayor

Hay situaciones muy comunes que, sin querer, dificultan el cambio:

  • Insistir demasiado y generar rechazo
  • Proponer actividades demasiado exigentes desde el principio
  • Minimizar sus miedos (“no pasa nada”, “es fácil”)
  • Comparar con otras personas

También es habitual frustrarse cuando no hay cambios rápidos. Pero en estos casos, el avance no suele ser inmediato. Es progresivo.

Moverse es más también parte del cuidado

Fomentar la actividad no es solo una recomendación de salud. Es una forma de cuidar. Porque cuando una persona mayor se mantiene activa:

  • Conserva más autonomía
  • Se siente más capaz
  • Mantiene mejor su estado de ánimo
  • Reduce el riesgo de dependencia

A veces, no se trata de grandes cambios, sino de pequeños gestos repetidos cada día. Levantarse un poco más. Caminar un poco más. Participar un poco más. Y, aunque parezcan detalles pequeños, con el tiempo marcan una diferencia enorme.

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Trabajador Social en  | 951 68 26 81 |  + posts

Trabajador social orientado al bienestar y al cambio social, con experiencia en la intervención con personas, familias y comunidades.

Especializado en mediación, gestión de conflictos y empoderamiento social, contribuye a la integración, la cohesión social y la mejora de la calidad de vida mediante una práctica profesional responsable y colaborativa.

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